Con su suave sabiduría, Thich Nhat Hanh nos recuerda que el amor, como todo lo que está vivo, necesita alimento para prosperar. Al leer sus palabras: “Si no sabemos cómo nutrir nuestro amor, este se marchita”, me siento humilde e a la vez, inspirada.
A menudo asumimos que el amor es algo que simplemente tenemos o no, algo que nos dan o nos quitan los demás. Pero esta enseñanza nos invita a ver el amor de otra manera: como una presencia viva y palpitante que podemos cuidar y alimentar, tal como haríamos con una planta delicada o incluso con nosotros mismos.
La felicidad y el amor no son estados fijos. Son jardines, y nosotros somos tanto los jardineros como la tierra. Cada sonrisa que ofrecemos, cada momento de compasión que mostramos, no solo hacia los demás sino también hacia nosotros mismos, es como agua y luz del sol para esos jardines.
Cuando descuidamos nuestra propia felicidad, cuando olvidamos descansar, respirar, deleitarnos con las pequeñas maravillas de la vida, comenzamos a sentirnos vacíos. Y desde esa vaciedad, se hace más difícil amar a los demás plenamente. Pero cuando alimentamos nuestra propia alegría, fortalecemos nuestra capacidad de amar.
Pienso en los días en que me he sentido agotada. Corriendo por la vida, tachando tareas de una lista, derramando energía en todos los demás mientras olvidaba atender mi propio espíritu. En esos días, el amor se sentía delgado y frágil, como si pudiera romperse con la menor presión.
Pero luego están esos días en que me detengo. Me siento en silencio con una taza de té caliente, ☕️ noto la luz del sol ☀️ colándose por la ventana, 🪟 doy un paseo por el bosque y observo las pequeñas cochinillas, las flores 🌷 y los árboles, 🌳 y siento gratitud simplemente por estar viva. En esos días, el amor se siente abundante, fluyendo con facilidad, tocando a todos a mi alrededor.
Por eso aprender a nutrir nuestra felicidad no es egoísta, es un acto de amor en sí mismo. Cuando estamos completos, podemos amar sin miedo, sin aferrarnos, sin condiciones.
Hoy te pregunto:
¿Qué alimenta tu felicidad?
¿Qué pequeña cosa puedes hacer para regar tu jardín de amor?
Quizá sea un paseo tranquilo en la naturaleza. Una llamada a alguien que te hace reír. 😹 Una siesta. 😴 Ver el amanecer 🌄 o el atardecer. 🌅 Mirar las estrellas ✨ por la noche. Caminar por la playa. 🏝️ Una respiración consciente. Una palabra amable hacia ti mismo.
Que todos recordemos que el amor no es solo un sentimiento que perseguir, sino una práctica que cultivar momento a momento, respiración tras respiración.
Alimentemos nuestro amor y, al hacerlo, ayudemos a que florezca hermosamente en nuestras vidas y en las vidas de quienes tocamos.
🌸

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